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Loreto-Maternidad en las cárceles

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PRESENTAMOS...

 

 


 

Soy Loreto Bonilla Martínez, voy a investigar sobre el tema de la maternidad en cárceles: cómo las mujeres son capaces de llevar a cabo esta función y cómo les afecta a su vida cotidiana allí dentro. Si produce en ellas un efecto psicológico muy fuerte, en su comportamiento o simplemente físico. En mi caso, finalmente voy a tratar más la parte de los niños que han ido evolucionando en un ambiente carcelario; las aportaciones con las que cuentan y características al crecer en este tipo de lugares: quién les cuidará, la forma en la que son tratados, las decisiones que toman al principio y sucesivamente, opinión de las madres reclusas en este tema y familiares, entre otros.

 

Mi compañera Carlota y yo nos centraremos en la maternidad en prisión, cada una enfocándolo de una forma diferente; por lo tanto hemos decidido realizar algunas entrevistas, en la cárcel de Navalcarnero y a la asociación de familiares.

 

Por consiguiente, os dejo aquí algunas de las preguntas que realizaremos en los lugares ya nombrados anteriormente:

 

· Preguntas seleccionadas por Carlota:

 

-¿ Se exigen más requisitos a las mujeres a la hora de las visitas, que a los hombres?

 
-¿ En las cárceles mixtas las mujeres sufren algún tipo de degradación o discriminacion por su condición o sexo?


-¿Están las mujeres separadas de los hombres?


-¿La vigilancia de las reclusas es ejercida por hombres o mujeres?


-¿Tienen igual acceso que los hombres a todas las actividades disponibles? De no ser así, ¿cuál es su nivel de acceso? ¿Qué actividades se les ofrecen? 


- ¿Las embarazadas reciben la asistencia médica necesaria? ¿Qué tipo de asistencia reciben? ¿Se traslada a las embarazas al hospital para dar a luz? 


-Las habitaciones y dormitorios utilizados para albergar a las reclusas deben estar dotados de las nstalaciones y el material necesarios para satisfacer las necesidades higiénicas específicas de las mujeres. Las mujeres y niños deberían disponer de agua caliente para su higiene diaria personal, especialmente las mujeres que trabajan en cocina, las embarazadas, las madres lactantes y las que se hallan en período de menstruación, por ello: ¿Se atienden las necesidades higiénicas especiales de las mujeres

¿Tienen acceso a toallas higiénicas y cómo se organiza ese acceso? ¿Con qué frecuencia tienen acceso a las duchas las embarazadas y las mujeres con niños pequeños? 

 

-¿Existen guarderías o módulos reservados para las madres y sus niños pequeños?. ¿Se proporcionan juguetes a los niños pequeños? ¿Qué medidas se adoptan para garantizar que el entorno del niño se asemeje lo más posible a la vida fuera de la prisión?


-¿Cuáles son las normas por las que se rige el régimen de visitas, especialmente de la familia y los hijos? ¿Las visitas son abiertas o cerradas? ¿Qué ocurre en la práctica? 


-¿Se prevé algún tipo de medida para restablecer los vínculos familiares en los casos en que se hayan perdido estos?

 

 

·Preguntas seleccionadas por María:

 

- ¿Hay mujeres funcionarias de prisiones?¿Qué porcentaje del total de los trabajadores constituyen?


- ¿Qué tipo de puestos ostentan dentro del trabajo en prisiones?


- ¿Hay vigilantes mujeres? Si es así, ¿desarrollan su función tanto en el módulo de hombres como en el de mujeres?

 

 

·Preguntas que he seleccionado:

 

- ¿La mayoría de las mujeres en las prisiones deciden abortar o continuar con el embarazo?¿el mayor motivo por el que toman esa decisión?

- ¿Cuáles son sus actividades diarias en prisión en caso de ser madres?

 

- Después de esta experiencia, ¿su actitud ante la vida es la misma o cambia? En caso de varias, ¿de qué forma lo hace o en qué actitudes se nota?

 

- Para la reclusa que decide abortar, ¿qué tipo de facilidades se le proporciona?¿Es posible que tuviese más facilidad de adquirir algún tipo de enfermedad?

 

- Los niños que nacen del vientre de una mujer que habita en prisión, son más débiles por las condiciones en las que se desarrolla?

 

-Cuando son adultos estos niños, ¿que opinan respecto a su vida natal y el ambiente en el que crece? ¿se sienten desafortunados por ello? o ¿les da fuerzas en su futuro?

 

 

COMENZAMOS...

 

Después de un largo período de recaudar información de la web, libros y opiniones de personas con algún tipo de relación respecto a reclusos/as; comenzaré poco a poco a plasmar aquí mi parte de la investigación realizada por todo el grupo a ver que os parece, hasta finalizarlo.

En primer lugar,  creo que debería revisarse cada una de las circunstancias en que el niño queda recluido junto a su madre, haciéndose un seguimiento periódico de su desarrollo madurativo, físico y emocional.

Efectivamente hay problemas compartidos (sostenimiento emocional, dificultades económicas…) la edad de los niños de tal forma que debería tomarse en consideración a la hora de evaluar la situación de los más pequeños. No en todos los casos las mujeres encarceladas deciden tener a sus hijos con ellas, quedando al cuidado de parientes cercanos, generalmente la abuela materna, cuando el padre no se hace cargo de sus hijos.

Por otro lado, las expectativas del rol materno dentro de la cárcel suelen verse frustradas creándose una sensación de desánimo e incompetencia en sus habilidades al respecto. Las condiciones propias de un establecimiento carcelario reprimen e  impiden la expresión de las emociones en toda su extensión con lo que se coarta las relaciones maternas con los hijos.

 

 

¿Los hijos también son presos?

 

Un niño de hasta cuatro años que vive junto a su madre en un establecimiento penitenciario, con pocas dudas, está también “preso”.  Los niños se crían en un ambiente violento, y pasa a ser parte de su modo de vida e identidades personal y social.

 

CASO 1. (Richie 2001)

Durante el transcurso de su internación es objeto de penas suplementarias, además de la restricción ambulatoria, que se consideran como el precio que se debe pagar para no romper el vínculo madre- hijo.

Ningún niño debería ser objeto de penas y menos aún por esta suerte de transitividad. Una socialización temprana dentro de estas circunstancias dejará una huella en la construcción de su identidad y sus capacidades sociales futuras.

 

 

Vida diaria de un niño “encarcelado”.

 

Recursos materiales: Los familiares llevan los juguetes y demás enseres necesarios en la vida de un chico o bien son proveídos por mujeres que pertenecen a organizaciones de derechos humanos o al culto evangélico.

 

Formas de comunicación: los ruidos propios de un establecimiento penitenciario como candados y rejas que se abren

y cierran, gritos como forma aceptada de comunicación verbal, peleas entre detenidas; detenidas y celadoras y peleas familiares durante los tiempos de la visita. La adquisición del lenguaje puede verse entorpecida por las limitaciones lingüísticas de las detenidas pero sobre todo por las jergas que suelen utilizarse: una de ellas es la policial.

 

Relaciones sociales: solo ven a los hombres durante las visitas familiares, sus padres o cualquier otro pariente o si no los tienen los que van a visitar a otra detenida. En algún caso hemos observado el temor de un niño ante el tono de voz de un hombre.

Si bien tienen una madre biológica se les acoplan otras detenidas que asumen de vez en cuando, o en forma cotidiana, un papel de madre. Una maternidad extendida que puede ser interesante como ayuda en caso de hijos numerosos y escasez de recursos en la vida en libertad, en este caso actúa como obstáculo para la unidad vincular que debiera darse en los primeros tiempos de vida con la madre.

Por lo tanto, se sabe que el papel de madre lo puede cumplir alguien interesado en el bienestar del niño, pero la existencia de una multiplicidad de cuidadoras, que se alternan en las tareas y vigilancia del niño, puede conducir a que finalmente confunda a su madre “real”.

Aun cuando hay una estabilidad precaria en su contexto de vida, puede haber situaciones de extremo estrés para la madre como lo es la proximidad del juicio, las situaciones conflictivas propias de la cárcel (huelgas de hambre, protestas, petitorios, etc.) que genera un clima de tensión con las celadoras.

 

La vida libre: algunos niños tienen la suerte de tener parientes que están interesados en ellos, de manera que salen a la sociedad libre en forma periódica. De esta forma empiezan a conocer la existencia de un mundo diferente al de la cárcel con lo que se facilita su salida obligatoria al llegar a la edad dispuesta por la ley. Incluso cuando la pena de la madre finaliza antes de que lleguen a esa edad, siempre es beneficioso que el niño tenga esos para que pueda acomodarse de forma más o menos satisfactoria a esa nueva vida. Las reglas de convivencia son diferentes así como los modos de relación, se hace necesario un trabajo adicional que es trazar un puente en la identidad del niño que le permite salir de ese mundo para  incorporarse en el otro sin atentar contra una identidad en formación.

Estos tipos de niños tienen, por desgracia, muchas probabilidades de que en su nuevo mundo la violencia sea el factor que una su vida previa con la actual. Dado que sus madres y familias pertenecen a un sector de la población con escasez de recursos materiales y simbólicos, que viven en la periferia de los núcleos sociales de producción de normas de convivencia, y de decisiones políticas e institucionales, tienen escaso control sobre sus vidas. El quebrantamiento de las leyes está entonces en el universo de posibilidades de que estas familias cualquiera sea la razón para cometer un delito: desde la elección de una vida delictiva hasta la necesidad de dar alimento a los hijos.

 

Por otro lado, los niños que han nacido allí no pueden concebir, por razones obvias, un entorno diferente de forma que están sobre- adaptados a condiciones de vida por demás deficitarias. Si bien no hay estudios científicos sobre la vida de estos chicos después de la cárcel, se tiene alguna confirmación de que se van a vivir a barrios criminalizados o que han tenido otros parientes detenidos, de forma tal que desde su salida de la cárcel, con o sin su madre, están marcados por una u otra razón. Las consecuencias de esta victimización “secundaria” o no mediata, por no ser ellos mismos quienes hayan quebrado la ley sino parientes o bien porque sus barrios son especialmente conocidos por ser considerados como “refugio de delincuentes” y objeto de un mayor control policial y desaprobación social, serán un obstáculo que deberán sortear; a diferencia de otros niños, tienen que esforzarse más y tener la suerte de mayores oportunidades para adquirir destrezas sociales que les permitan, por ejemplo, escolarizarse, mantener vínculos de respeto con los otros, impedir las adicciones, o evitar una ficticia (por el sufrimiento que acarrea) solución a sus problemas convirtiéndose en personas abusadoras, depresivas, o anti- sociales en sentido amplio.

 

 El Estado casi nunca toma alguna medida reparadora con esta familia de niños que tienen una vulnerabilidad social específica adquirida durante su primera socialización y que, entonces, están en una desventaja que los determina. Al vivir en franjas de exclusión social, desde un posible nacimiento traumático en una cárcel hasta una infancia carente de posibilidades para un crecimiento y maduración física emocional y cognitiva que les permitan afrontar los problemas de la vida con dignidad, la respuesta violenta será la que tendrá una fuerte presencia en la vida de estos niños.

 

 

 

El punto de vista de las madres.

 

Las madres que ingresan con sus hijos en las cárceles saben que deberán desempeñar una maternidad “condicionada”. Los límites que impone un establecimiento carcelario pueden ser puntos de fijación desde donde no se puede ir más allá. No es ninguna sorpresa para ellas que el margen que resta para ejercer su maternidad sea escaso e inapropiado. Un factor que juega un papel importante a la hora de decidir si el hijo quedará con ella o no es el sentido que le haya dado a su relación con el bebé o el hijo de pocos años. Se supone que un bebé no advierte, por su inmadurez, las condiciones en que está desarrollándose su vida; mientras que un niño de alguna edad tiene más alcance para saber en primer lugar que su madre está presa, y que es él quien la está acompañando, más allá de sus deseos o voluntades. En este segundo caso puede suceder que el niño hasta se sienta responsable de la situación de su madre.

 

Otro elemento de importancia es la concepción que tiene la mujer de lo que significa una familia. Si ella considera que la familia proporciona un sentido de la pertenencia, de identidad, cuidados y fortalecimiento de las identidades de los niños, podrá inclinarse por dejar a sus hijos fuera mientras ella hará todos los esfuerzos posibles para mantenerse como una integrante clave de esa familia.

El delito cometido no parece empañar su función materna, aún en lo que se llaman “unidades conyugales delictivas”, donde tanto el padre como la madre e hijos están al mismo tiempo o en forma alternada en prisión, por el mismo delito o por otro distinto. Si tienen pocas expectativas en lo que puede proporcionar su familia en particular, y cualquier familia en general, por sus propias experiencias de socialización temprana o por los abusos de que han sido objetivo durante su infancia y adolescencia, a lo que se suma que no tienen una familia propia configurada, tenderán a mantener a sus hijos con ellas.

 

La primera decisión: algunas mujeres entran a la cárcel embarazadas, de forma tal que deben parir en ellas. Los controles de salud no se hacen de forma periódica, hay obstáculos administrativos para el traslado a los hospitales, y a veces las mujeres no gozan de la salud suficiente como para tener un embarazo y parto saludables (desnutrición, adicciones, o enfermedades pre- existentes). No tienen médico de cabecera o sea que son atendidas por quien está de guardia, de forma tal que no pueden tener la confianza suficiente con quien las va a ayudar en el parto, elemento éste que se considera importante para crear un ambiente placentero durante el parto. En realidad, la brusca descarga de su vida cotidiana hace que el embarazo se convierta en un problema porque no le pueden dedicar atención ni cuidado. Deben adaptarse a la vida carcelaria, sobrevivir sin recursos materiales a una situación inesperada, o al menos para nada deseada, enfocando su atención a los problemas que enfrentan a su ingreso.

Esta etapa es bastante larga y de enorme estrés hasta que se empieza a entender y compartir estas nuevas reglas de supervivencia en un mundo caótico que está paradójicamente sobre- reglamentado. El embarazo pasa a ser una cuestión de segunda instancia, a la que se le presta poca atención pero que a la vez sobresale en sus prioridades porque tienen que empezar a prepararse para un alumbramiento “distinto” si tuvieron hijos o bien para un acontecimiento que deviene “molesto”. En otras palabras, no tienen tiempo “emocional” para generar una corriente de afecto y apego con el niño por nacer.

 

Otras madres ingresan con bebés casi recién nacidos, o de pocos meses. Algunas de ellas no tienen otra opción que mantenerlos a su lado, ya que nadie se ofrece para darles cuidado y mantenerles. Si bien la adopción es una posibilidad concreta y al alcance de todas ellas, no se la usa en la confianza de que se podrá lidiar con la situación y que mejorará con el transcurso del tiempo. Pocas de ellas deciden mantener fuera de la cárcel a sus hijos.

  

 

CASO 2.

Se ha registrado a una mujer condenada a una pena de ocho años que ingresa a la cárcel cuando tiene un bebé de unos meses y un hijo de pocos años. Consideró que es mejor mantener el vínculo entre los hermanos que el de ella con su bebé. Contó con su suegra para cuidar a los chicos que iban a la visita de forma habitual. Los hermanos tienen una buena relación pero cada uno de ellos se figura el rol materno de diferente manera. Por razones obvias es la abuela la que cumplió durante toda la vida del menor de los hijos el rol materno, de forma que su madre es una figura suplementaria. Como el padre también está detenido, para el hijo menor su hermano constituye un consejero y guía. En el momento previo a la libertad condicional, esta mujer asistió a un grupo de madres con lazos de parentalidad deteriorados. A esta altura no sabemos cómo resolvió la situación aunque su deseo era reunir y reconfigurar todos los vínculos familiares, completándose una nuevo escenario cuando el padre estuviera libre.

 

CASO 3.

El caso opuesto es el de una mujer que mantiene a sus dos hijos con ella. La niña era de pocos meses, el hijo mayor tenía alrededor de tres años con lo que su vida se vio alterada de forma drástica, ya que tuvo que dejar sus actividades y vínculos cotidianos para pasar a convivir en forma coercitiva con un conjunto de reglas que le eran ajenas y por demás violentas. Su conducta fue errónea, sus juegos desordenados y tuvo durante los meses que pasó en la cárcel un visible mal humor.

 

Las decisiones sucesivas: es la madre quien decide mantener con ella al niño o bien buscarle algún lugar donde pueda dejarle durante un período de tiempo. Nuestra experiencia indica que esta decisión si bien es la primera, no es la única ni la definitiva. Los chicos suelen alternar períodos de internamiento con períodos de vida en libertad, cambios bruscos de ambientes y por tanto situaciones de vida que se van confrontando en el delicado proceso de conformación de una identidad.

 

Dentro del ambiente carcelario, las posibles cuidadoras que se ofrecen, además de la madre biológica, cumplen funciones que es como si el niño tuviera dos o más madres funcionando a la vez: recibe cariño de dos o más pares de brazos o reprimendas de dos o más voces diferentes, cuando no pocas veces se producen colisiones de las voluntades y deseos. El resultado es un bebé de meses o un niño de pocos años confundido o desorientado, malhumorado, hosco y llorón.

 

Las madres biológicas drogodependientes suelen ser más inestables en su relación con sus hijos que las que están procesadas o condenadas por otros delitos, incluso homicidio. El delito de la distribución y comercialización de drogas está, por lo general, acompañado por el consumo. Se sabe, además, que el tráfico de drogas es un lugar común en los establecimientos carcelarios. La madre sigue consumiendo o bien sufre de síndrome de abstinencia, imposibilitándose, en ambos casos y más allá de sus deseos, el cuidado de un bebé. Ellas sienten impotencia cuando no pueden resolver sobre todo los problemas de salud de sus hijos.

Los controles pediátricos se llevan a cabo esporádicamente, como dentales y psicológicos. Los parámetros de crecimiento están vigilados por las madres quienes cuando notan algún signo de alarma (fiebre, dolor, excesivas horas de sueño, delgadez u obesidad, etc.) deben empezar a hacer los trámites necesarios para que un vehículo las traslade con sus hijos a la visita médica.

Esta situación genera un sentimiento de frustración ya que el cuidado de la salud de los hijos es un parámetro socialmente importante en cuanto al cumplimiento de la función materna, además de ser, por lo general, una preocupación primordial de las madres.

 

 

 

CASO 4.

Una niña nacida con problemas de salud debido a la drogodependencia de la madre. No tuvo ninguna atención especial, a pesar de sus notorias dificultades respiratorias, retardo madurativo y bajo peso. La niña tenía fiebre de continuo junto con gripes, resfriados, bronquitis y otros malestares respiratorios. En un momento la madre tuvo a su disposición un tubo de oxígeno cuya presencia violaba cualquier medida de seguridad interna, además de dejar la responsabilidad de su uso a alguien que no estaba preparado para eso, en cuanto a criterios de utilización (gravedad del cuadro, continuidad en su aplicación, períodos autorizados clínicamente de repetición en la aplicación de oxígeno, etc.). En una oportunidad, la madre intentó fugarse. Como consecuencia, se le cerraba la puerta con llave y se le quitaba los pasamanos durante las noches. De esta forma, si la niña tenía algún problema, la madre empezaba a gritar para que alguna de sus compañeras más cercanas pudiera avisar a la guardia que, en algunas ocasiones, no respondió al llamado. Y, desde luego, hay madres que cumplen su función en forma desaprensiva dejando al niño crecer “por su cuenta”, sin el ejercicio real y comprometido de la maternidad. En resumen, hay niños que van y vienen durante la condena de la madre, otros que se quedan en circunstancias desfavorables y terceros, asimismo en circunstancias para nada propicias, que se queden a pesar del deseo íntimo de la madre. No se toma ninguna medida institucional para que no haya quiebres vinculares en cualquiera de estos tres escenarios. No hay programas de maternidad.

 

 

 

Continuaré actualizando mi página con nuevas ideas, preguntas o información. Podéis aportar cualquier tipo de idea. Muchas gracias!

 



 

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