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Carlota- Maternidad en las cárceles

Page history last edited by duendudando 8 years, 6 months ago Saved with comment

El porcentaje mundial de mujeres en prisión, incluidas las mantenidas en prisión preventiva, es muy reducido (entre 8 el 2% y el 9%, y de manera excepcional por encima del 10%). Dado que la gran mayoría de los reclusos son del sexo masculino, casi siempre se ignoran las necesidades especiales de las mujeres, lo que quiere decir que en la práctica son objeto de discriminación. En el entorno cerrado de la prisión, las mujeres están especialmente expuestas a sufrir agresiones tanto del personal como de los reclusos. Habida cuenta de las pocas instalaciones penitenciarias destinadas a mujeres, a menudo estas son recluidas en establecimientos alejados de sus hogares, lo cual puede limitar sus posibilidades de recibir la visita de sus familiares y provocar problemas graves tanto para ellas como para sus familias. Si no, a veces se opta por confinarlas en instalaciones anexas de las prisiones de hombres, lo que puede entrañar un riesgo todavía mayor para su seguridad. Además, es posible que las actividades de la prisión estén destinadas a satisfacer las necesidades de la mayoría de la población carcelaria, que es del sexo masculino. En las prisiones hacinadas y con poco personal disponible para supervisar a los reclusos, es posible que las mujeres tengan poco o ningún acceso a numerosas instalaciones. Las mujeres embarazadas y las madres en período de lactancia sufren problemas particulares relacionados con su condición y no deberían ser encarceladas salvo en circunstancias excepcionales. Las mujeres también se enfrentan a problemas específicos tras su puesta en libertad, puesto que el estigma de la cárcel les persigue con mucha más fuerza que a los hombres. 

 

-Los muros de las prisiones españolas custodian oficialmente a 63.828 personas de las cuales 5,048, un 7,9 %, son mujeres” Dentro del sistema penitenciario español, se acogen unos doscientos niños en periodo lactante, esto es, entre los cero y los dos años de edad, hijos de las reclusas que residen con ellas en las cárceles.

En nuestro país rige la Ley Orgánica General de Penitenciaría, en cuyo artículo 38 se reflejan las normas para la acogida de los hijos de las reclusas en las cárceles: según este artículo, los niños menores de 3 años pueden vivir en la cárcel junto con su madre, pero después deberán separarse de ellas para ir a vivir con otros familiares, o en su caso en centros de acogida. ¿ Son adecuadas las condiciones de las cárceles para el desarrollo y crecimiento de estos niños?¿ Se encuentran en el ámbito adecuado? ¿Disponen las madres de los medios necesarios para ejercer su labor como tal?

 

-La prisión es para la mujer un espacio discriminador y opresivo, particularmente  por el significado que asume el encierro. Se trata de una experiencia doblemente  estigmatizadora y dolorosa, dado el rol que la sociedad le ha asignado.  La concienciación de esta situación de desigualdad, exige la adopción de medidas en las esferas sociales, políticas y culturales para asegurar la  equivalencia y el pleno desarrollo de las mujeres en todo ámbito, incluso en el carcelario.  No puede desconocerse que históricamente los sistemas penitenciarios fueron desarrollados y construidos atendiendo a las características y problemáticas de la población masculina. ¿Están acondicionadas las cárceles españolas a las características y problemas de la población femenina presa?

 

 

ARTÍCULO ¨EL PAÍS¨

-MADRID.- Pablo* tiene un año y medio y unos ojos grises enormes. Mira serio a María, que intenta sin éxito hacerle sonreír. Permanece impasible a las carantoñas. No tuerce el gesto. Ni para reír ni para llorar. Su vida transcurre entre los muros de la cárcel de Aranjuez, donde vive junto a su madre presa. Parece más adulto que la mayoría de los adultos que le rodean.

La mirada de Alba también inquieta. No conoce otra vida que la que hay en prisión. Tiene un año y medio y ha nacido dentro. Hasta hace unos meses compartía celda con su hermana Jessica. Ahora ella está fuera porque ha sobrepasado el límite de tres años que fija la ley para que los niños permanezcan junto a sus progenitoras. Tras su tercer cumpleaños, Jessica salió del centro penitenciario para seguir creciendo en un centro de acogida.

En algunos casos existen familiares 'naturales' que se hagan cargo de estos niños que comienzan a vivir en la cárcel. Pero son excepciones, la mayoría termina en el seno de familias de acogida.

Pablo, Alba y Jessica son tres de los 156 menores que viven actualmente en centros penitenciarios españoles. Sus madres deben cumplir condena y han elegido que ellos les acompañen. Algunos han nacido en libertad; otros, dentro del centro porque dio la casualidad de que la interna estaba embarazada cuando ingresó. En ocasiones el destino ha sido forzado. Las madres presas tienen condiciones más suaves que las que cumplen condena en los módulos comunes, por lo que es habitual que aprovechen los 'vis a vis' para concebir hijos.

"¿Qué es más cruel, qué crezcan dentro de la cárcel o que lo hagan fuera pero sin sus madres?", se pregunta Daniel de la Rosa, coordinador de la ONG Horizontes sin Fronteras, que cada fin de semana acude a las cárceles españolas para sacarles a que disfruten de unas horas de aire libre. Lleva seis años trabajando con ellos y sus madres en el penal de Aranjuez. Conoce bien cuál es el precio de comenzar a desarrollarse bajo la limitación del espacio.

En Aranjuez viven actualmente unos 20 menores de tres años. Algunos están en el módulo F1, el único de toda España destinado a familias, junto a su padre y su madre. Otros carecen de figura paterna y viven sólo con sus madres en el F2. Su día a día es bien distinto del de la mayoría de los niños de su edad.

Once de ellos, los más afortunados, han conseguido plaza en una de las guarderías públicas de la Comunidad de Madrid y abandonan cada día la cárcel para ir a clase. El resto tiene que conformarse con el centro infantil de la prisión. Gloria Bernal, responsable de la ONG, explica que los más pequeños permanecen en el centro mientras que los que tienen de dos a tres años salen a la guardería. Pero no todos, "algunas madres no quieren que vayan". 

Esos niños tienen que pasar las mañanas allí, "con juguetes limitados, sin hierros, sin pilas", mientras sus madres desempeñan las tareas que tienen asignadas. Por la tarde permanecen en la celda junto a ellas. Sus juguetes no son los mismos y tampoco lo es su campo de juego, que se reduce al patio de la prisión.

Las consecuencias del encierro

Los niños pagan las consecuencias de este encierro. "Su desarrollo es más lento y su proceso de aprendizaje más tardío. Comienzan a hablar más tarde porque en la cárcel están siempre sometidos a los mismos estímulos y tienen un vocabulario reducido", cuenta Daniel.

Su capacidad visual es también menor, porque su perspectiva se reduce a 'intramuros' y su capacidad de reacción se resiente: "Tocan siempre las mismas cosas; oyen siempre lo mismo, ven siempre lo mismo". "Al final terminan siendo conscientes de que viven en una cárcel. Cuando salen están obsesionados con las puertas. Lo de abrir y cerrar es algo desconocido para ellos", cuenta Gloria. Son niños solitarios, independientes, que no intentan llamar la atención. Más bien al contrario

 

NOTICIA DE UN ARTÍCULO DEL PAÍS: `LA DOBLE CONDENA DE LAS MUJERES PRESAS EN ESPAÑA

     María está en la treintena, condenada por tráfico de drogas. Le han caído entre tres y ocho años, que cumple lejos de su ciudad. En la casa familiar ha dejado a varias personas que dependen de ella, y eso le produce incertidumbre, angustia y culpabilidad. Aunque ella también es dependiente, emocionalmente, de su pareja, que alguna vez le ha pegado o violado. Como si no fuese bastante, sus condiciones en la cárcel también la discriminan. Por ser minoría no tiene acceso a los mismos derechos y recursos materiales que sus compañeros varones. Hasta en la cárcel María arrastra desigualdades como las que ayudaron a ponerla en la senda del delito.

     María no es nadie en concreto, cumple el perfil de las reclusas en las cárceles españolas. Representan un 8,5% del total de presos y sufren desigualdades materiales y asistenciales. Barreras que ponen aún más difícil su promoción dentro de las prisiones y su preparación para un mundo que hasta ahora les ha sido hostil. Por ello y en la línea de las políticas de Igualdad, Instituciones Penitenciarias ha lanzado el programa de acciones para la igualdad entre mujeres y hombres en el ámbito penitenciario, que pretende atacar estas situaciones y atender a las mujeres según sus necesidades. "A veces ellas no son culpables sino víctimas; queremos conseguir que recompongan su vida, abordar los problemas que ya tenían antes de entrar, la drogodependencia, la falta de formación y sus problemas de salud, para que cuando salgan se reincorporen en mejores condiciones que cuando llegaron", ha explicado Mercedes Gallizo, directora general de Instituciones Penitenciarias.

     Las medidas buscan promover la igualdad de oportunidades y tener en cuenta el perfil de las presas, cuyos delitos son, en general, menores y de poca peligrosidad. Así, una de las actuaciones más importantes será "propiciar una generosa aplicación de medidas capaces de acortar la duración del encarcelamiento efectivo y la temprana reincorporación a sus responsabilidades familiares y laborales" de las mujeres con "perfiles de menor peligrosidad", como las llamadas mulas, que normalmente transportan drogas para solventar una mala situación económica y que se enfrentan a elevadas penas, por encima de los ocho años. Este aspecto será tenido en cuenta especialmente en lo que se refiere a las madres cuyos hijos "cumplen también condena", según Gallizo.

     Se establecerá un programa de "guía y tutela personal" con implicación en los logros de las reclusas en todos los ámbitos (autonomía, educación, promoción de la salud...) y se creará en cada establecimiento penitenciario con mujeres un programa específico de asistencia médica, social y psicológica. En general, se trata de crear nuevas infraestructuras y acondicionar las ya existentes para superar la discriminación "a la hora de acceder a los servicios y gozar del mismo bienestar del que se han visto privadas, sobre todo en los centros mixtos, donde han venido ocupando los peores módulos", ha señalado Gallizo. El proyecto incluye un plan contra la violencia de género, ya que más del 80% de las presas han sufrido abusos o malos tratos.

     El proyecto empezará a desarrollarse bajo la tutela de una Comisión Técnica, formada por profesionales de diversos ámbitos, que tendrán que promover las iniciativas y servir de "voz crítica", en palabras de Gallizo, para controlar su efectividad,

 

PERSPECTIVA HISTÓRICCA Y PROBLEMAS ACTUALES DE LA INSTITUCIÓN PENITENCIARIA EN ESPAÑA: las mujeres encarceladas toman la palabra

  Esta información es conseguida gracias al libro de Ruth Alvarado Sánchez, ¨PERSPECTIVA HISTÓRICA Y PROBLEMAS ACTUALES DE LA INSTUTUCIÓN PENITENCIARIA EN ESPAÑA. LAS MUJERES ENCARCELADAS TOMAN LA PALABRA¨

 

     -Teorías sobre los efectos del procesamiento y encarcelamiento en las mujeres:

Todo encarcelamiento produce una serie de efectos en la persona que sufre dicho proceso, y por tanto, las mujeres no iban a ser menos. Las mujeres representan un número muy reducido del total de personas internadas en establecimientos penitenciarios, lo que lleva en la práctica a la existencia de muchas menos cárceles de mujeres que de hombres y que, a la vez, en la mayoría de ellas, el nivel de ocupación sea muy bajo. Esto plantea un problema económico serio: por el menor número de reclusas, la cárcel de mujeres es más deficitaria, siendo por otra parte, su abandono mayor. Además la organización informal de las cárceles de mujeres es tremendamente distinta de las que existe en las cárceles de hombres, en las cárceles de mujeres se adopta de hecho, un tipo de organización que se parece mucho más a la existente en el mundo libre que la que se adopta en las cárceles de hombres. 

     -Investigaciones sobre familias desestructuradas:

De una forma general, se ha argumentado que las chicas que desarrollan actividades  delictivas provienen, con mayor frecuencia que los chicos, de familias desunidas, pues  se llega a argumentar que para las mujeres un factor decisivo a la hora de dedicarse a la  comisión de actividades delictivas, lo constituye la influencia familiar, ya que el influjo del control familiar es mucho mayor tradicionalmente en ellas, por lo que la desorganización familiar no afecta por igual a ambos sexos, a pesar de que tanto para la mujer como para el varón es una variable de extrema importancia. Se ha señalado ampliamente el hecho de que el papel del padre es mucho más importante que el de la madre,sobre todo en lo que se refiere a la adquisición por parte de los hijos de conductas de índole delictiva, los padres de chicas delincuentes son menos educados, más punitivos, fríos, rechazan con mayor frecuencia a los hijos y nunca tuvieron un nivel satisfactorio de relaciones con ellas (no llegando a interesarse excesivamente, a quererlas o a comprenderlas)

 

APORTACIÓN:

“Los presos ocupan lugares lóbregos, húmedos, reducidos, faltos en fin de toda condición higiénica; carecen de cama y de vestido, y para cubrir su desnudez se implora, muchas veces en vano, la caridad pública. Hay casos de enfermos graves hasta el punto de administrárseles los sacramentos, cuya cama es el suelo, mullido solamente con algún mugriento harapo; por no haber enfermería en la cárcel, la persona que muere a consecuencia de este horrible tratamiento es acaso declarada inocente. En su tumba desconocida no se lee descripción alguna, pero podría gravarse este epitafio: Aquí yace la víctima inocente de una sociedad culpable”. Concepción Arenal. Estudios Penitenciarios 

 

     LA VOZ DE LAS MUJERES PRESAS:

Jamás nos supongamos solos ni débiles, porque hay detrás de nosotros ejércitos poderosos que no concebimos ni en sueños. Si elevamos nuestro espíritu no habrá mal que pueda tocarnos" Paracelso

Las mujeres son autoras de una amplia gama de ilícitos, el delito contra la salud pública se ha convertido en el mayoritario entre ellas, prácticamente la mitad de las internas que se encuentran ahora mismo 327 en prisión los están por este delito, por ello empezamos con el relato de cómo y porqué se introdujeron en este mundo. La motivación principal para aceptar un viaje como mula es el dinero o más bien la falta de él y la visión fácil de cómo conseguirlo:  

“... tenía una necesidad muy grande...” 

“... es una forma de ganar dinero fácil...” 

“... lo que uno hace a veces no, no lo hace porque, porque quiere, sino por la necesidad...”  

     Desde un punto de vista legal estas mujeres ni siquiera pueden ser consideradas inmigrantes puesto que en la mayoría de los casos son detenidas en el aeropuerto y el primer contacto que tienen con el territorio español es el del área de retención del aeropuerto (tierra de nadie) y de ahí directamente a un hospital (si la droga es transportada dentro del cuerpo) o a las celdas del juzgado (si la detectan en equipaje o atada al cuerpo), es decir, que la mayoría de las mujeres ni siquiera llega a presentar su pasaporte de entrada en el país con lo que su situación de ilegales es cuanto menos extraña puesto que entraron directamente a prisión en el país. 

     Si bien pueda parecer que estas mujeres eligieron un camino más cómodo, ellas mismas nos cuentan que sopesaron todas sus posibilidades antes de tomar la decisión de abandonar a su familia y emprender este viaje: 

“... yo ya tenía intentado todos los medios (...) y como no había otra acabé aceptando una viaje de drogas...” 

“... yo tenía buscados todos los medios (...), prostituirme, vender mi cuerpo...”

     A su ingreso en prisión todas las internas deberían recibir información escrita sobre sus derechos y deberes, el régimen del establecimiento penitenciario, las normas disciplinarias y los medios para formular peticiones, quejas y recursos; a las internas extranjeras se les debería informar, además, de la posibilidad de solicitar la aplicación de tratados o convenios internacionales suscritos con España para el traslado, así como de la sustitución de las penas impuestas o a imponer por la medida de expulsión del territorio nacional, en los casos y con las condiciones previstas por las leyes. Esta información que se debería dar no siempre se recibe y a veces está escrita  únicamente en español, idioma que muchas internas no entienden, podemos así entender el grado de estupor al que pueden llegar estas mujeres, tal y como  cuentan, no entienden que estén detenidas (no es lo que les habían contado que pasaría) y además en prisión o no reciben información alguna de qué es ese edificio (normas, deberes,derechos...) o lo hacen en un idioma que no entienden, con lo que la mayor parte de ellas se encuentra en 

un estado de desamparo absoluto, pues aunque la ley penitenciaria recoge que lo primero que se ha de hacer con una detenida (tras recibir la información anterior en un idioma que ellas puedan entender) es hacerle un reconocimiento médico y cuánto antes tener una entrevista con la Junta de Tratamiento del Centro para poder evaluar su caso y proponer el programa individualizado.

     Las  propias presas tienen prejuicios hacia lo que se pueden encontrar en prisión y desconfían de sus compañeras, compañeras por otro lado que están en la misma situación que ellas: madres de familia, mujeres engañadas, “mulas” sin recursos, o no, pero mujeres al fin y al cabo de las que no conocen nada, pero que están en la cárcel y entonces serán cuasi-monstruos, porque la institución con su opacidad hacia la sociedad hace que esas discriminaciones no sólo existan sino que sigan creciendo, el principio de reinserción que defiende la ley penitenciaria no contempla este punto de paradoja en su proyección. 

     -ADAPTACIÓN:

     Tras este período en el que su mundo tal y como lo conocían se derrumba tienen que adaptarse al nuevo medio en el que van a vivir, es ahora cuando ellas nos cuentan cómo hacen su cárcel. En su adaptación al medio carcelario no pueden evitar recordar a aquellos a los que dejaron fuera. Uno de los puntos que más se defienden desde las instituciones penitenciarias es la gran  capacidad de adaptación que siempre han demostrado las mujeres al entorno carcelario, como muestra del buen funcionamiento de los programas de intervención, sin embargo como podemos comprobar por sus palabras las mujeres se adaptan a la prisión por una pura necesidad de supervivencia mental sobre todo, de poder mantener la cordura ante la situación que se les presenta tanto fuera de los muros de la cárcel (pues ellas siguen viviendo, a su manera, la vida y el sufrimiento de sus familias en el exterior) como dentro, puesto que lo que les ofrecen los centros penitenciarios es rutina e inactividad. Demuestran, una vez más, la capacidad de adaptación ante cualquier situación adversa que siempre, en la historia del mundo, han demostrado las mujeres, la privación de libertad y la falta de actividad no iba a ser una excepción.

      -COMPARTIR ESPACIOS:

Uno de los puntos más importantes fue conocer cómo se sentían ellas mismas ante el hecho de compartir espacio carcelario y tiempo de condena con los hombres,sobre todo en aquellos centros donde comparten dicho espacio, sus reacciones fueron de indignación y sorpresa. 

     El nuevo tipo de centro que se crea desde Instituciones Penitenciarias es la macrocárcel, una gran institución con muchos módulos donde uno de ellos es de mujeres, se pensó que con este nuevo centro se acabaría con la discriminación sufrida por las mujeres internadas en los departamentos en cárceles de hombres, sin embargo, en la práctica este funcionamiento no ha variado y el módulo de mujeres de la macrocárcel se ha convertido en un departamento de una cárcel de hombres, pues nos encontramos con una prisión de 1.500 personas donde entorno a 100 de ellas son mujeres, y es que a pesar de que estos módulos deberían contar con su propia estructura directiva y funcionar como una prisión dentro de una macroprisión en la realidad no es así y son un módulo más, un módulo que cuenta con menos recursos económicos, personales y laborales debido a la misma idiosincrasia que se vive dentro de la prisión y es que se mantiene en todo lo posible el principio de separación entre sexos y los hombres son más, numéricamente hablando, con lo que necesitan más recursos, así que a las mujeres les quedan sólo los residuos; al depender toda la cárcel de una sola junta directiva los números priman sobre las necesidades individuales, pues los resultados que se piden son  inmediatos y los hombres al ser más siempre, el porcentaje será mayor.

    -SENTIMIENTOS EN PRISIÓN:

Se intenta conocer qué es lo que la prisión les ha enseñado. Son capaces de aprender cosas buenas, de establecer nuevas relaciones, valoran tener unos modos correctos de interaccionar, pero no se alcanza la condición de amistad dentro de la prisión, excepto cuando la intimidad afectiva y sexual les convierte en pareja 

Si bien nacen en ellas sentimientos que quizá nunca en su vida habían sentido, su forma y mentalidad de ver la vida y a los demás, cambia. Sentimientos sobre todo de frialdad y desconfianza.Y también el egoísmo enmascarado en la supervivencia dentro de las cuatro paredes en las que han de vivir y convivir.

Muchas voces críticas hablan del efecto pernicioso de la cárcel y es que crea más delincuentes de los que rehabilita, con las mujeres tal vez, sólo tal vez, no sea así, debido principalmente al tipo de delito que cometen pero lo que sí se crea en ellas son sentimientos de dureza y frialdad, de desconfianza y egoísmo hacia los demás, sentimientos que nunca habían sentido en su mundo exterior pero que entre los muros de la cárcel desarrollan para blindarse contra el dolor y el mal ajeno que perciben o creen percibir a su alrededor.  Pero siempre terminan encontrando una explicación cabal a estos sentimientos que desarrollan en prisión.

     -SER MADRE EN PRISIÓN:

Uno de los puntos más importantes y dolorosos para las mujeres es el relacionado con sus hijos y todos los sentimientos que les crea esta separación de ellos. Lo primero que declaran es su imperioso deseo de volver junto a su familia y es que jamás renuncian a estar junto a sus hijos.A pesar del miedo que sienten de lo que puedan recibir de ellos una vez fuera, tanto que evitan este desasosiego y dolor que pueda provocarles llegando a ocultar en muchas ocasiones su condición de presa. Las mujeres presas se duelen de manera casi enfermiza de lo que hicieron, pero no por que ellas estén pagando con su falta de libertad, que la aceptan, sino por el perjuicio que su acto ha ocasionado a sus hijos y a su relación materno-filial.

    “... lo que no puedo hacer es ir y quitarle el hijo a mi cuñada, no puedo porque mi hijo está hecho a ella pero lo que sí quiero es tener una vida con mi hijo (...) porque creo que no es justo por mi parte que después de casi cinco años yo vaya ahora a perjudicar a mi hijo, porque es a mi hijo al que voy a perjudicar si yo le  saco del vínculo familiar que tiene, no lo hago por ella ni por ellos, lo hago por mi hijo...”

La cualidad maternal de las mujeres en prisión es un punto esencial dentro de la institución penitenciaria y también para los expertos en materia penitenciaria, sin embargo, de todos los puntos que se ocupan y tratan, no se han ocupado nunca de aquello que más preocupa a las mujeres, se ha tratado la mejora de la estancia de los niños en prisión, se ha debatido si deben o no estar dichos menores en prisión, si ha de primar el derecho de la mujer a ser madre o el derecho del menor a ser niño, los efectos nocivos de la estancia del niño en prisión, se han ampliado las medidas alternativas para las internas que son madres o se intentan paliar los problemas de los menores que quedan en desamparo (con mayor o menor fortuna por parte de los servicios sociales) cuando su madre está en prisión, pero no se ha tratado lo que preocupa a las madres y que ellas nos recuerdan una y otra vez: su miedo a volver a tener a sus hijos, cómo serán recibidas por ellos, su deseo constante de estar con ellos, el dolor que les causa la privación que su delito ha causado en la vida de sus hijos, no se prepara a las mujeres ni a sus hijos para estas situaciones de reencuentro y de aceptación; se les recuerda constantemente que son malas madres por dejarles, son malas madres si durante ese tiempo en prisión ellos cometen un error, son malas madres por no cuidarles y dedicarse a ellos...

No hace falta que se lo digan, ellas ya se sienten así, lo que se debe hacer es prepararlas para el momento de la salida y el reencuentro, no son malas madres, sino que ante todo son madres y no hay que abusar ni acusar por ello.cometen un error, son malas madres por no cuidarles y dedicarse a ellos... no hace falta que se lo digan, ellas ya se sienten así, lo que se debe hacer es prepararlas para el momento de la salida y el reencuentro, no son malas madres, sino que ante todo son madres y no hay que abusar ni acusar por ello.

 

 

LA CÁRCEL EN ESPAÑA: MEDICIONES Y CONDICIONES DEL ENCARCELAMIENTO EN EL SIGLO XXI

De Ignacio González Sánchez

 

ATENCIÓN SANITARIA:

     Otro elemento en el que tanto hombres como mujeres presos se ven perjudicados es la privación de libertad en la asistencia sanitaria. La mayoría de presas  y presos poseen una salud muy precaria debido al consumo prolongado de drogas. Ademas el sistema penitenciario no organiza una atención médica similar a la del resto de ciudadanos. Entre las limitaciones existentes cabe destacar el poco tiempo que se destina a las consultas médicas. Las consultas suelen ser valoradas por los presos como muy cortas y sin exámenes médicos apropiados, sino más bien someros. Esta falta de un examen y un registro detallado tiene repercusiones más graves cuando se trata de la atención a lesiones  especialmente de cara a eventuales denuncias que quiera presentar el preso  o presa por casos de malos tratos

     Se ha criticado que los informes médicos que se realizan en este sentido suelen recoger descripciones breves y poco precisas. además de no incluir fotografías ni aclaraciones que el afectado quiera dejar por escrito.

 

SALUD DE LA MUJER PRESA:

 

     Hay que tener presente  que la pena que cumpla una mujer varía mucho del centro en el que se encuentre , sobre todo por la disponibilidad del espacio común, la cual se prioriza para los hombre. A tal punto llega esto que muchas mujeres presas no pueden estar en enfermería y han de pasar la enfermedad en la celda, con todo lo que ello conlleva; ambiente poco adecuado ,mayores probabilidades de contagio, etc.

     Parece ser que existe además un control más estricto por parte de los funcionarios de prisiones, pues se entiende que estos esperan una conducta más dócil por parte de la mujer que por parte del hombre y por lo tanto son más intransigentes con las pequeñas desviaciones.

 

 

ARTICULO DEL PAÍS: No más bebés en la cárcel.

 

Cuando Darius mira por la ventana de su guardería ve un muro. Una pared de piedra pintada de colores, pero con un ribete de alambre espinado. El pequeño, de año y medio y enormes ojos azules, ha nacido en la cárcel. Está acostumbrado al uniforme marrón y beis de las funcionarias, al sonido metálico de la apertura y cierre de puertas que le aíslan del exterior y a que su universo sean los hijos de otras reclusas. Pero Darius y sus 17 compañeros de cole se mudan. A partir del lunes las vistas desde la ventana de su nueva habitación serán a la calle o a un colorido patio de juegos que podría ser el de una urbanización de una ciudad cualquiera. Seguirá viviendo en la cárcel junto a su madre, pero su habitación no se parecerá a una celda.

 

Es uno de los niños que pasará por la primera unidad externa de madres de España, la de Mallorca, que se inaugura hoy. Un centro penitenciario más similar a una pequeña urbanización de apartamentos, que intenta reproducir al máximo la que sería la vida de un niño en el exterior. Pueden permanecer junto a sus madres hasta los tres años.

     Duermen con ellas, comen con ellas y suelen ir a la guardería dentro de la propia cárcel. Hasta 1996 podían estar en el centro hasta los seis años, algo que el departamento de Mercedes Gallizo, secretaria general de Instituciones Penitenciarias , estudia restablecer. Eso sí, siempre fuera de las cárceles usuales, en unidades como la de Mallorca. "Los niños tienen que estar con sus madres, pero no es justo que tengan la experiencia de vivir en un centro penitenciario"sostiene Gallizo. En la mayoría de los países de Europa sólo pueden quedarse en la cárcel hasta los 12 o los 18 meses. La madre de Darius, ya no se imagina la vida sin él. Cumple tres años y seis meses de condena por tráfico de mujeres y asegura que el niño la ha cambiado por completo. "Ahora sólo pienso en salir para buscarme y buscarle un futuro fuera", dice. Nació en Rumania hace 27 años y nunca lo ha tenido fácil. Ha llegado a la cárcel de Mallorca desde Picasen (Valencia) para incorporarse a la unidad externa de madres la semana próxima. Hasta entonces -como el resto de madres- comparte celda con su hijo. Allí, junto a las dos literas atornilladas al suelo ha puesto su cunita. Al lado está el cochecito, el baño, el cambiador, juguetes... Ha decorado la habitación pero sigue siendo una celda. Nada que ver con el minipiso que ocupará junto a Darius desde el lunes. Allí tendrá una habitación más amplia -caben holgadamente la cuna y todos los bártulos de un bebé-, un salón con sofá, una mesa redonda, y hasta un fregadero y un microondas para poderle preparar los biberones.

    - Carmen está deseando pisar el nuevo centro. Tiene 26 años y un niño de dos. Entró en prisión embarazada de tres semanas. Su padre, muy enfermo, no lo sabe. "Tengo miedo de decírselo. Cree que estoy en Mallorca trabajando. Que tengo un horario muy malo y que por eso no voy a verle". El abuelo sólo conoce a su nieto, Alex, por una foto. A Carmen aún le quedan tres años y ocho meses de los casi siete de condena.

     -Menos que a Yolanda, una barcelonesa de 29 años, que cumple nueve años y un día -"el día no se me olvida", dice- por el mismo delito que Carmen: tráfico de drogas. Tiene dos hijos pero sólo Javier, de dos años, vive con ella. El otro, de seis, está con la abuela en Barcelona. Toda la vida del módulo de madres está condicionada por los chiquillos. "Por ellos, te callas cuando algo te parece mal para que no te pongan un parte".

 

Pabellón de madres de la cárcel de Palma.

 

     - Lo peor de la cárcel para Yolanda es la machacona rutina. El saber que cada día hasta dentro de siete años debe levantarse a las 7.30 para el recuento e irse a su celda a las ocho y media de la tarde, cuando cierran las puertas. Una cotidianidad que también viven los niños y que será distinta en el nuevo centro. "Habrá horarios, pero las puertas no se cerrarán automáticamente. La madre podrá abrir y cerrar su apartamento desde dentro. Podrá levantarse de madrugada y prepararle a su niño una manzanilla si le duele la tripa, o darle un yogur si tiene hambre", cuenta Juan Fernando Díaz, director de la unidad externa de madres. Hasta ahora, eso era impensable. Concha Yagüe lo sabe muy bien. La subdirectora de tratamiento y gestión penitenciaria ha sido hasta hace poco directora de la cárcel de mujeres de Alcalá de Guadaira. "El nuevo centro es una prisión sin custodia similar a un régimen abierto. Hay seguridad, pero más enfocada a velar que nadie entre del exterior.¨ Las mujeres no tienen el perfil de personalidad de los hombres", dice.

     -Corina no quiere que su niño sepa que vive en una cárcel. "Cuando sea mayor no se lo voy a decir", afirma. A partir del lunes, Darius no tendrá que estar despierto a las 7.30 para el recuento. Ya no verá más el uniforme marrón y beis de los funcionarios. En el nuevo centro nadie va uniformado. Saldrá a diario a una guardería de la ciudad y volverá, como cualquier niño, por la tarde. La responsable de Instituciones Penitenciarias asegura que esos niños tendrán una red social de apoyo: "Una vez me encontré con el caso de un chico muy joven, pero que había pasado 15 años en la cárcel antes de fallecer. Había nacido y muerto en un centro penitenciario. Eso le marcó. No podemos permitir que estas cosas vuelvan a suceder¨.

 

ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN DE LAS MUJERES EN PRISIÓN:

 

    El sistema jurídico español no hace distinciones en cuanto a género: hombres y mujeres son iguales ante la ley. No obstante, las mujeres en prisión suponen un colectivo especial, con unas características concretas, ¿se traduce esto en un trato distinto entre ambos sexos en las cárceles? 

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FemmeHoy ha visitado las instalaciones del Centro Penitenciario de Fontcalent, Alicante, donde ha podido hablar con el subdirector de tratamiento, José Antonio Cuadros y la psicóloga del centro, Esther Sánchez Lavín. A través de estos dos funcionarios conocemos la situación que vive el sexo femenino en Fontcalent y, por extensión, en las prisiones españolas.

Actualmente, el centro alicantino alberga unos 800 presos, de los cuales tan solo cerca de un 10% son mujeres. Con estas cifras se demuestra la escasa presencia femenina en los centros penitenciarios, pues como asegura Lavín, “el perfil de ellas es menos violento” y por ello sus ingresos en prisión no suelen darse por delitos de fuerza mayor. El principal motivo de condena es el tráfico de drogas, por constituir un delito contra la salud pública. Estas sustancias ilegales están muy presentes en Fontcalent ya que en varias ocasiones se ha detectado la inserción de estupefacientes a través de los familiares, quienes conocen los controles y logran burlarlos.

     Uno de los principales problemas que la actual situación de crisis económica ha traído a Fontcalent es la prorrogación de la apertura de la Unidad de Madres, en la que las internas conviven con sus hijos hasta que éstos cumplen los tres años de edad. En 2012 el centro finalizó las obras que habilitaban esta Unidad que sin embargo, a día de hoy, sigue sin contar con “recursos humanos para abrirla por falta de personal especializado” según revela el subdirector de Tratamiento. Con estas circunstancias, las presas de este centro se ven obligadas a desplazarse a la cárcel de Picassent en Valencia, donde los niños se ven apartados del resto del nucleo familiar, dificultando el contacto con los familiares directos.

      Para hacer más llevadero el día a día en prisión, las reclusas tienen a su alcance diversas actividades entre la que destaca el taller de panadería, exclusivo para ellas, por el que obtienen una compensación económica y su correspondiente cotización en la Seguridad Social, con el objetivo de favorecer los recursos que le garanticen una mejor reinserción social. Cuadros destaca que los internos que no hayan querido realizar las actividades laborales que ofrece la prisión, “recibirán un subsidio de desempleo al salir al exterior”, de forma que en ningún caso los presos quedan desamparados en su reinserción.

Aquí os dejo un vídeo que relata y muestra escasamente todo lo explicado anteriormente

 

Una de las preguntas que planteo y que considero interesante es si tiene mayor derecho la mujer a ser madre o el menor a ser niño, también considereré preguntas como

-¿Cuáles son las normas por las que se rige el régimen de visitas, especialmente de la familia y los hijos? ¿Las visitas son abiertas o cerradas? ¿Qué ocurre en la práctica? 
-¿Se prevé algún tipo de medida para restablecer los vínculos familiares en los casos en que se hayan perdido estos?

- ¿hay mujeres funcionarias de prisiones?¿Qué porcentaje del total de los trabajadores constituyen?
-¿qué tipo de puestos ostentan dentro del trabajo en prisiones?
-¿hay vigilantes mujeres? si es así, ¿desarrollan su función tanto en el módulo de hombres como en el de mujeres?

 

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